viernes, 4 de noviembre de 2011

Hermosa doncella, Delicia de Dios,


Hermosa doncella, Delicia de Dios,
¿A dónde caminas con paso veloz?
¿A qué vas al templo del Rey Salomón,
Y tórtolas llevas de pardo color?

Decid a esta Virgen con santo fervor,
Al aire soltando la plácida voz:
Bendito el instante que Dios te crió:
Bendita la hora que el mundo te vio.

¿Por qué va cubriendo tu frente el rubor,
Si más pura eres y hermosa que el sol?
A Ti de la mancha de Adán pecador,
A Ti sólo quiso librar el Señor.

Placer inefable al punto que vio
Tu rostro gracioso el cielo gozó.
La saña divina y antiguo rigor
En paz y clemencia, por Ti se trocó.

Y el Dueño del orbe prendado de amor,
Albergue en tu seno dulcísimo halló,
Y al mundo le diste sin ay, ni dolor,
Cual brota de mayo la cándida flor,

Y llevas al pecho ¡Divino favor!
Colgada la prenda que vida nos dio.
Pues no, no te obliga la ley de rigor,
Que Tú eres la Madre del sumo Hacedor.

Mas ya lo comprendo, que vas al Señor
A dar de virtudes riquísimo don.
Bendita obediencia y humilde oración,
Y en uno enlazados pureza y amor.

Permite, Señora, que yo vaya en pos,
Siguiendo tus pasos al templo de Dios.


No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada