Es
difícil encontrar consuelo en medio de la prueba... la fe se debilita y
hasta nos atrevemos a cuestionar a Dios por lo que nos ha permitido
pasar... pero poco a poco vamos entendiendo que ahí, en el dolor del
cuerpo y del alma, está el Señor esperando que dejemos de mirar nuestra
agonía para poder contemplar la suya... entonces podemos llegar a ser
“una llama de amor que consuele el dolor de las almas”.
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