La
oración no empieza tanto por la «consideración" como por una «vuelta
al corazón", encontrando el centro más profundo del ser, despertando las
profundidades de nuestro ser en presencia de Dios, que es la fuente de
nuestro ser y nuestra vida.
Lo grande es la oración. La oración
en sí misma. Si quieres vida de oración, la manera de alcanzarla es
orando. Se nos han dicho tantas cosas sobre los medios y fines que no
nos damos cuenta de que existe una dimensión distinta en la vida de
oración. En la tecnología tenéis un progreso horizontal; se comienza en
un punto y se pasa a otro, y luego otro. Pero ése no es el modo de
construir una vida de oración. En la oración descubrimos lo que ya
tenemos. Empiezas donde estás, profundizas en lo que ya tienes, y te das
cuenta de que ya estás ahí. Ya tenemos todo, pero no lo sabemos y no lo
experimentamos. Todo se nos ha dado en Cristo. Lo que tenemos que hacer
es experimentar lo que ya poseemos. El problema es que no nos tomamos
el tiempo para hacerlo.
Si de verdad queremos tener oración,
tenemos que dedicarle tiempo. Debemos ir más despacio a un tempo humano y
empezaremos a tener tiempo de escuchar. Y tan pronto como escuchemos lo
que sucede, las cosas empezarán a tomar forma por si mismas.
Esto es lo que hacen en el Zen. Se toman mucho tiempo para hacer lo que
necesitan hacer; y esto es lo que debemos aprender cuando se trata de
la oración. Tenemos que darle tiempo.
Lo que de verdad importa no es cómo sacar partido a la vida, sino cómo recogerte de manera que te puedas dar plenamente.
¿Qué nos impide vivir una vida de oración? Quizá el que no queramos de
verdad orar. A esto es a lo que tenemos que hacer frente. Cuando damos
por hecho que estamos totalmente dedicados a este deseo de oración,
quizás alguien nos lo está impidiendo.
Es arriesgado orar
porque nuestras propias oraciones se pueden interponer entre Dios y
nosotros. Lo grande en la oración no es orar, sino ir directamente a
Dios. Si decir oraciones es obstáculo a la oración, no lo hagas. Deja a
Jesús orar. Da gracias a Dios porque Jesús está orando. Olvídate de ti
mismo. Entra en la oración de Jesús. Déjale orar en ti.
La
mejor manera de orar es parar, dejar a la oración orar dentro de ti,
tanto si lo sabes como si no. Esto quiere decir tener una profunda
consciencia de tu verdadera identidad interior.
Por gracia somos Cristo. Nuestra relación con Dios es la de Cristo al Padre en el Espíritu Santo.
No hay niveles. En cualquier momento puede penetrar en la unidad que es
el don de Dios en Cristo. En este punto, la alabanza alaba. La acción
de gracias da gracias. Jesús ora. La apertura es todo.
(Thomas Merton sobre la oración)

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