"Simón, hijo de Juan, ¿me amas?". El le respondió: "Sí, Señor, sabes que te quiero". Jesús le dijo: "Apacienta mis ovejas". (Jn. 21, 16)
Lc 11, 15-26
Habiendo Jesús expulsado un demonio, algunos de entre la muchedumbre
decían: "Éste expulsa a los demonios por el poder de Belzebul, el
Príncipe de los demonios". Otros, para ponerlo a prueba, exigían de él
un signo que viniera del cielo. Jesús, que conocía sus pensamientos, les
dijo: "Un reino donde hay luchas internas va a la ruina y sus casas
caen una sobre otra. Si Satanás lucha contra sí mismo, ¿cómo podrá
subsistir su reino? Porque ?como ustedes dicen? yo expulso a los
demonios con el poder de Belzebul. Si yo expulso a los demonios con el
poder de Belzebul, ¿con qué poder los expulsan los discípulos de
ustedes? Por eso, ustedes los tendrán a ellos como jueces. Pero si yo
expulso a los demonios con la fuerza de Dios, quiere decir que el Reino
de Dios ha llegado a ustedes. Cuando un hombre fuerte y bien armado hace
guardia en su palacio, todas sus posesiones están seguras, pero si
viene otro más fuerte que él y lo domina, le quita las armas en las que
confiaba y reparte sus bienes. El que no está conmigo está contra mí; y
el que no recoge conmigo desparrama. Cuando el espíritu impuro sale de
un hombre, vaga por lugares desiertos en busca de reposo, y al no
encontrarlo, piensa: "Volveré a mi casa, de donde salí". Cuando llega,
la encuentra barrida y ordenada. Entonces va a buscar a otros siete
espíritus peores que él; entran y se instalan allí. Y al final, ese
hombre se encuentra peor que al principio".
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario