Como el niño que no sabe
dormirse
sin cogerse a la mano de su
madre,
así mi corazón viene a
ponerse
sobre tus manos al caer la
tarde.
Como el niño que sabe que
alguien vela
su sueño de inocencia y
esperanza,
así descansará mi alma
segura,
sabiendo que eres tú quien
nos aguarda.
Tú nos darás mañana
nuevamente
la antorcha de la luz y la
alegría,
y, por las horas que te
traigo muertas,
tú me darás una mañana viva.
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