"Simón, hijo de Juan, ¿me amas?". El le respondió: "Sí, Señor, sabes que te quiero". Jesús le dijo: "Apacienta mis ovejas". (Jn. 21, 16)
Jn 20, 24-29
Tomás, uno de los Doce, de sobrenombre el Mellizo, no estaba con ellos
cuando llegó Jesús. Los otros discípulos le dijeron: "Hemos visto al
Señor!". Él les respondió: "Si no veo la marca de los clavos en sus
manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su
costado, no lo creeré". Ocho días más tarde estaban de nuevo los
discípulos reunidos en la casa, y estaba con ellos Tomás. Entonces
apareció Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio de ellos y
les dijo: "¡La paz esté con ustedes!". Luego dijo a Tomás: "Trae aquí
tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: métela en mi costado. En
adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe". Tomás respondió: "¡Señor
mío y Dios mío!". Jesús le dijo: "Ahora crees, porque me has visto.
¡Bienaventurados los que creen sin haber visto!".
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