Nació en 1530, en Carpi, Módena, Italia, en el seno de una familia ilustre.
De
niño, después de haber quedado huérfano a tierna edad, San Bernardino
Realino recibió su primera enseñanza con maestros que acudían a su
hogar, pero más tarde fue enviado a continuar sus estudios a la Academia
de Módena.
A los 26 años obtuvo el grado de doctor en
derecho civil y canónico, y decidió desarrollar su carrera como servidor
público. Ejerció, así, el cargo de alcalde en varias ciudades pequeñas,
destacándose por su rectitud y por su hábil manejo de las finanzas.
En
1565, sin embargo, su vida cambió por completo (cuenta la tradición que
a raíz de una aparición del Niño Jesús) cuando San Bernardino Realino
toma la decisión de abandonar la carrera de funcionario e ingresar a la
Orden Jesuita, recientemente aprobada.
En 1567, San
Bernardino fue ordenado sacerdote, y se convirtió en maestro de los
jesuitas noveles. Siete años más tarde fundó un colegio jesuita, al cual
dedicará el resto de sus días, en la ciudad de Lecce.
Lecce
se convertiría en más que su hogar por los siguientes 42 años. San
Bernardino, o el padre Realino, estuvo siempre muy cerca de la gente de
su comunidad, y supo encontrar siempre la mejor manera de resolver los
problemas de todos.
El padre Realino siempre encontraba
tiempo para atender y ayudar a la gente sin hacer distinciones de ningún
tipo, apoyando por igual a pobres y ricos, a instruidos y a ignorantes,
y mostrando siempre una infinita paciencia que contrastaba con su
dinamismo.
Antes de fallecer a los 86 años de edad, San
Bernardino Realino tuvo el inusual privilegio de convertirse en vida en
santo patrono de la ciudad de Lecce.
Los regidores de la
ciudad lo visitaron en su lecho de enfermo para preguntarle si aceptaba
convertirse en el protector de la ciudad de generación en generación
hasta el final de los tiempos.
Con la poca fuerza que le
quedaba, pronunció un enfático “sí”. San Bernardino Realino fue
canonizado por el papa Pío XII en 1947.

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