Cristo sigue interpelando al hombre de
todos los tiempos, para que se coloque con él, o contra él. Desafortunadamente
no hay más posiciones. Y siempre tendremos que decidir: Cristo o nuestro
egoísmo. Cristo o nuestra sensualidad. Jesús mismo hablaba de que no se puede
servir a dos señores. Es imposible encender una vela a Dios y otra al diablo.
Seamos coherentes con nuestro manera de vivir nuestra Fe.
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