Santa
Catalina nació alrrededor de 1330. Fue la segunda o la cuarta de los
ocho hijos de Santa Brígida, la gran mística sueca, y el príncipe Ulpho
de Nericia, en ese país escandinavo.
A muy joven edad Santa Catalina es casada con Edgarvon Kyren, noble de
ascendencia, pero más noble de espíritu. Tanto era así, que ambos
decidieron llevar un matrimonio de continencia.
A los 19 años,
Catalina se reúne con su madre en Roma, donde participó de su intensa
vida religiosa. En peregrinaciones y buenas obras, Catalina vivió 25
años con su madre, siguiendo siempre de cerca su ejemplo.
En
1372 Catalina y su hermano Birger fueron con su madre en peregrinación a
Tierra Santa. Pero al llegar a Jerusalén, Santa Brígida enfermó.
Retornando a Roma, entregó a Dios su espíritu.
Dos años
después, conforme a la voluntad de su madre, Catalina regresó a Suecia
llevando sus restos mortales para ser sepultados en el Monasterio de
Wadstena, que ella fundó. Santa Catalina ingresó entonces a esa
institución, siendo reconocida como superiora.
Más tarde volvió
a Roma buscando la canonización de su madre. Se entrevistó con Gregorio
XI, quien lamentablemente falleció. Luego vio a su sucesor, Urbano VI,
pero los asuntos políticos de la época impidieron al Papa hacerse cargo
del asunto.
Durante su estancia de cinco años en la Ciudad
Eterna, se dice que Santa Catalina Ulfsdotter obró numerosos milagros.
Está fama la acompaña de vuelta a Suecia, donde finalmente muere en
santa paz.
Santa Catalina nos ofrece un ejemplo de fidelidad a las buenas obras.

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