Nuestra
tarea en la tierra es única: elegir nuestro hogar eterno. Podemos
darnos el lujo de equivocar muchas de nuestras elecciones en la vida.
Podemos elegir la profesión equivocada y sobrevivir, la ciudad
equivocada y sobrevivir, la casa equivocada y sobrevivir, la pareja
equivocada y sobrevivir. Pero hay una elección que debe ser correcta y
esa es la de nuestro destino eterno.
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