Había un médico del campo que llevaba su perro consigo cuando iba a
visitar a sus pacientes. El perro se quedaba afuera mientras el médico
entraba en las casas para atender a la gente.
En una ocasión, el
médico visitó la casa de un hombre con una enfermedad grave. Al hombre
le quedaba poco tiempo de vida. El enfermo confesó al médico que tenía
miedo y le preguntó: “¿Cómo es la muerte?”
El médico se quedó
pensando. Luego se levantó y abrió la puerta de la casa. Su fiel amigo
canino entró gozosamente, saltando de alegría al poder estar de nuevo
con su amo.
El médico miró al hombre moribundo y le dijo: “¿Ves a
este perro? No tenía la menor idea qué había de este lado de la puerta.
Lo único que sabía era que su amo estaba ahí, y quería estar con él.”
“Así
me siento en cuanto a la muerte,” el sabio continuó. “No puedo explicar
todo lo que pasará, ni cómo se sentirá. No estoy de todo seguro qué
habrá al otro lado de esa puerta. Pero yo sé quién está ahí, y eso me es
suficiente. Estaré para siempre con mi Amo.”
La muerte es una
cosa que da miedo. Hay mucha incertidumbre. Hay muchas cosas que yo
desconozco. Algunas personas dicen poder explicar exactamente qué pasará
cuando lleguemos a ese momento. Yo no. No sé todos los detalles de lo
que pasará.
Otros quieren debatir cómo será la vida después de la muerte. No me uno a esas conversaciones. Hay mucho que yo no sé.
Pero sé quién me espera al otro lado de la puerta. Cuando deje este mundo, iré para estar con Jesucristo. Ese conocimiento me basta.

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